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Arturo Bosque

CUENTO DE NAVIDAD PARA ADULTOS

Por Rafael Cervera Pérez


 Han llegado todos peripuestos, con sus galas y plumas, chapoteando el cava entre risotadas descocadas, burlando a la noche. Están de espaldas a cualquier acontecer del momento, son como la espuma que va dejando la ola en su enloquecida carrera. Han llenado el establecimiento hostelero. Todo está preparado para el festín. Ellas con sus lentejuelas y brocados al viento, sus joyas obscenas de varios quilates. Gesticulando adrede , para dar "qué hablar". Ellos parecen enloquecidos, bordeando la paranoya con su "smokin" y fulares masculinos. Con el ultimísimo léxico. Los camareros se miran de hito en hito, con sus manos enguantadas, no saben cómo dar comienzo a la celebración ante semejantes individuos. La cena va a ser opípara, no ha de faltar de nada, está prevista desde hace varias semanas. Todo en su sitio y a su punto.. Ellos y ellas van a vivir una cena esperpéntica, pues vienen muy cargaditos....  ¿Qué está pasando en el exterior del Restaurante de cinco tenedores?...Primero un ligero murmullo, luego alguna voz estridente, después un bullicio continuado y griterío al fin, que molesta a los asistentes congregados.

- Tranquilos señores... los agentes del orden los han echado con cajas destempladas. Pueden dar la orden para el comienzo de su cena.
- Fíjense !qué barbaridad!... y dicen que eran los ángeles custodios de aquí, de los señores... !no te digo!.
- Hay gente para todo... !los ángeles custodios!... vamos hombre.


   Efectivamente, los ángeles custodios (uno por persona), han sido detenidos al querer penetrar en el establecimiento hostelero junto a sus protegidos: Benjamín, Colás, Pancracio, Silvia , Mónica, Leticia.... "los gorilas" los han dejado maltrechos, con sus alas rotas, sus coronas por los suelos, y sus túnicas, "ay, sus túnicas!.... rasgadas, sucias, hechas una perdición....

- Y ahora ¿cómo nos presentamos así ante los jefes?...
-¿Qué nos dirán Gabriel..., Miguel..., Rafael...?
-Esto es un desastre... Además nos veremos en la calle, más aún... sin nuestros destinos... sin trabajo.
-Tengo una idea...-
comenta Pancracio- Nos alistaremos a la Legión Especial de los sin identidad.
-Seremos parias con los sin nombre -
añade Silvia temblando de miedo-.
-Lo que sea... todo, menos esto.


  Allá arriba, se han oido sus lamentaciones, y una mueca de duda e incredulidad, hace sonreir a Miguel...

 - Estos, nos la quieren pegar... ¿qué opinais?...

 Gabriel y Rafael sonrien, se miran con mirada de complicidad.

- Vále, ellos lo han querido así, pondremos en marcha el plan "los miserables".

  Hoy nadie duerme en la ciudad, hoy no es un día cualquiera, mejor dicho, no es una noche cualquiera. Las luces tintineantes de los grandes almacenes, los adornos cutres de los acuerdos sectoriales. La tramoya brillante y efímera de los escaparates que distorsionan las miradas y los sentimientos... hacen que esta noche, no sea como todas. El sonido unitario y estéril de los llamados villancicos de siempre, con su contenido absurdo...(beben y beben y vuelven a beber...) (...y sobre cámpana, una.!!)... Procuden en el alma, un sentimiento, primero de sofoco y aturdimiento, y luego, de tristeza profunda. Entre la multitud que entra y sale de los "Grandes Almacenes", vemos moverse gentes no cualificadas, no son del mismo "enjambre", quedan como fuera del cuadro, no pertenecen a nadie, se les ve, pero no se les mira. Ellos, solo tienden una mano medio abierta y una cantinela repetitiva y monocorde, hace que sean de la sinfonía, "molto vivace", las notas disonantes. Son los "sin nombre"....

 
De repente, los sonidos han enmudecido, todos los seres vivos se han quedado inmóviles, el silencio es total. Nada se mueve, ni siquiera sopla ya el viento. Solo los parias advierten tal situación anómala. Poco a poco salen de su lugar escogido y se encaminan todos al mismo punto de encuentro. Primero despacio, como con miedo, luego, poco a poco van acelerando su caminar para situarse juntos, en un lugar no determinado. Se miran unos a otros, se saludan tímidos, comprueban su situación tan peculiar y se abrazan al fín, llevados de un entusiasmo nunca percibido. ¿Qué les está pasando?.... ¿qué calor íntimo perciben, que jamás lo habían experimentado?... Ya no están solos, ya no se sienten solos, algo más les ha sucedido...

 - No temais (se escucha desde las alturas)... no sintais miedo, no esteis sobrecogidos.... Pues Alguién acaba de nacer.. también en vuestros corazones...Salid a su encuentro.... Vámos.

   Pancracio, Silvia, Colás... ya tienen protegidos. Sus alas vuelven a estar enhiestas, abatibles. Sus coronas brillantes de un modo muy especial, y sus blancas túnicas, resplandecen como nunca.

 Salen todos, como niños en tropel a ver quién es Aquel que les ha nacido...Se han tropezado con unos sacos muy especiales.  ¿Qué contendrán estos sacos?... los recogen presurosos, y como llevados en volandas, los vemos alejarse...estusiastas,....escuchamos sus voces, sus cánticos...

 Seguro que al mismo tiempo, la realidad ha vuelto para los seres vivientes. Van a lo suyo..

  Pero esta noche, Gabriel, Miguel y Rafael,...sonríen traviesos viendo alejarse a otros seres que hallaron los sacos repletos de parabienes.

Rafael Cervera Pérez